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Es
el más representativo de los monumentos zamoranos. Construido
en el siglo XII. Su elemento constructivo más destacado es la
cúpula o cimborrio de estilo bizantino.
La fachada sur, con la denominada
Puerta del Obispo con decoración románica.
Por destacar algo de su interior
citaremos la sillería del Coro, el retablo de la Capilla del
Cardenal, la talla del Cristo de las Injurias, a las que se añaden
la custodia de plata y la valiosa colección de tapices flamencos
que guarda el Museo Catedralicio.
En cuanto al claustro, se
reconstruyó en el siglo XVII y se compone de veinte arcos entre
gruesos pilares y se cubre con bóvedas de lunetos y aristas decoradas
con labores de yeso.
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